
Cuando coges un buen libro infantil, enseguida se nota: está hecho con cariño. Desde 2014, creamos juguetes digitales con esa misma filosofía. Para niños que descubren el mundo con curiosidad. Y para padres que quieren acompañarlos en ese camino con seguridad.
Cuando nos convertimos en padres, solíamos sentarnos por las tardes con preciosos libros infantiles en el regazo. Historias ilustradas con mucho cariño, en las que se nota enseguida que alguien se ha esforzado de verdad por hacer algo bueno para los niños.
Es precisamente esa cualidad la que echábamos en falta en las ofertas digitales para niños. Los videojuegos para los más pequeños nos parecían a menudo demasiado ruidosos, demasiado estimulantes y diseñados para crear adicción.

Por eso creamos Ahoiii. Desde el principio, nuestro objetivo fue desarrollar juguetes digitales con el mismo esmero y cariño que caracterizan a los buenos libros infantiles.
Los niños descubren el mundo a través del juego. ¿Qué mejor, pues, que aprovecharlo para hacer que el mundo les resulte comprensible?

Hoy en día, casi todos los niños juegan a videojuegos. Para nosotros está claro: el futuro del aprendizaje puede parecerse a un buen juego, ya que un diseño de juego bien pensado es también un buen diseño de aprendizaje.
Por eso apostamos por la comprensión conceptual. Los juguetes digitales ofrecen una oportunidad maravillosa para que los niños comprendan de forma tangible las relaciones complejas y las interacciones que se dan en un sistema. De este modo, los juegos fomentan el pensamiento sistémico de forma totalmente intuitiva.
Hay un momento que todos los padres conocen: un niño intenta hacer algo, fracasa una y otra vez... y, al final, lo consigue. La sonrisa de orgullo que se le dibuja en la cara después es inolvidable.
Nuestros juguetes digitales ofrecen precisamente ese espacio protegido. Cuando un niño comete un error, no hay cruces rojas ni ruidosos sonidos de error. No hay frustración, sino una suave invitación a volver a intentarlo de otra manera.

A través del juego, los niños aprenden a aceptar el fracaso como un reto. De este modo, desarrollan una tolerancia sana a la frustración y, sin darse cuenta, se convierten en personas seguras de sí mismas capaces de resolver problemas.
Nuestros hijos crecerán en una sociedad que está cambiando a un ritmo vertiginoso. Muchas de las profesiones que ejercerán en el futuro ni siquiera existen hoy en día. Lo que realmente necesitarán es la capacidad de pensar de forma creativa, colaborar con los demás y encontrar soluciones poco convencionales.
Queremos dotar a los niños de las herramientas necesarias para pensar más allá de los esquemas establecidos y contribuir con valentía a dar forma al mundo del mañana.
Pensamos en ese niño que, al comprender un concepto por primera vez, se llena de alegría. Y en los muchos padres que nos escriben para decirnos que nuestras aplicaciones se han convertido en un compañero fiel y de confianza durante la infancia.
Nosotros mismos somos padres, y así es precisamente como trabajamos. Por eso, en todo lo que hacemos nos guía una pregunta muy sencilla: ¿se lo daríamos a nuestros propios hijos?
Los niños son pequeñas personalidades con sus propios pensamientos, sentimientos, necesidades y límites. Por eso nos relacionamos con ellos con respeto, paciencia y auténtica atención. No queremos coartar a los niños, exigirles demasiado ni empujarlos en una dirección determinada, sino ofrecerles un espacio acogedor en el que puedan sentir curiosidad, experimentar, fracasar, reír y comprender. Para nosotros, las buenas aplicaciones infantiles no parten de la pregunta de cuánto tiempo juega un niño, sino de qué le hace bien.